Una página puede estar en línea, con su dominio pagado y sus fotos en su lugar, y aun así no traer un solo cliente. Cuando eso pasa casi nunca es mala suerte. Son errores concretos, se repiten de negocio en negocio y la mayoría se detecta en una tarde, sin saber de tecnología.
Aquí van los errores comunes en páginas web de negocios que más nos encontramos al revisar sitios locales, qué te cuesta cada uno y cómo saber si el tuyo lo tiene.
Fotos de varios megas para una pantalla de seis pulgadas
El primero es el más invisible, porque desde la computadora del negocio no se nota. Las fotos se suben tal como salen del celular, con miles de píxeles y varios megas cada una, y la página termina pesando lo que un video. Tú la ves rápida porque tu navegador ya la tiene guardada; el visitante nuevo, con datos y señal regular, se queda viendo una pantalla blanca y regresa a Google antes de conocerte.
La solución no es quitar fotos sino prepararlas: reducirlas al tamaño real en que se van a ver y comprimirlas antes de subirlas. Cómo medir gratis la velocidad de tu sitio y qué más lo puede estar frenando lo explicamos a fondo en por qué mi página web es lenta.
Un diseño que solo pensó en la computadora
Sacar el teléfono y abrir tu propio sitio destapa el segundo error. Si para leer un párrafo hay que hacer zoom, si el contenido se desplaza de lado o si los botones quedan tan juntos que el pulgar toca el equivocado, tu página se diseñó para un monitor y el celular la recibe como puede. Es grave por partida doble: es la pantalla desde la que te abren tus clientes, y Google evalúa las páginas a partir de su versión móvil, así lo documenta su propia guía para sitios web.
Los síntomas completos y la forma de revisarlo en cinco minutos están en por qué mi página no se ve bien en el celular.
Contactarte cuesta más trabajo que encontrarte

Hay páginas donde el teléfono del negocio aparece como simple texto decorativo, o peor, dentro de una imagen: el visitante no puede tocarlo para marcar y le toca copiarlo a mano o memorizarlo. Otras esconden el contacto al final de un recorrido largo, o reciben al interesado con un formulario que pide diez datos antes de dejarlo preguntar algo. Cada obstáculo de estos filtra gente que ya quería hablarte.
Lo que funciona es lo contrario: un número que marca al tocarlo, un formulario corto que pida nombre, contacto y mensaje, y un botón de WhatsApp a la vista, porque es el canal donde tus clientes ya conversan a diario. Por eso en nuestro diseño de páginas web el WhatsApp y el formulario van integrados desde el primer día, no como un agregado posterior.
El candado que el navegador sí revisa
Fíjate en la barra de direcciones al abrir tu sitio. Si en lugar del candado aparece la leyenda No es seguro, tu página no tiene certificado de seguridad, y navegadores como Chrome se lo advierten a cada visitante antes de que lea una sola línea tuya. Para alguien que estaba por dejarte su teléfono o su correo, ese aviso es razón suficiente para cerrar la pestaña.
El certificado se llama SSL y cifra lo que el visitante escribe en tu página. Hoy no hay motivo para no tenerlo: existen certificados gratuitos, los servicios de hosting serios lo incluyen y en nuestros planes viene junto con el hosting y el dominio desde el plan más sencillo.
Una página congelada en el tiempo
Otra falla silenciosa es la página que se publicó una vez y nunca se volvió a tocar. Horarios que ya cambiaron, una promoción que venció hace meses, servicios que ya no ofreces o precios que ya no son. El visitante le cree a tu página, y cuando llega al negocio y la realidad no coincide, la confianza se rompe justo en el momento en que ibas a ganarte al cliente.
La regla es simple: cada vez que algo cambie en el negocio, que cambie en la página el mismo día, y agenda una revisión completa un par de veces al año. Una página con datos viejos no es neutral; trabaja activamente en tu contra.
Nadie sabe si la página está funcionando
El último error no se ve en la página. Se nota cuando preguntas cuántas visitas tuvo el sitio el mes pasado y nadie sabe la respuesta. Sin medición no hay forma de distinguir una página que produce clientes de una que solo existe, ni de saber si vale la pena lo que pagas por ella.

Medir tampoco exige ser técnico. Nuestros sitios incluyen un portal con analítica en tiempo real donde el dueño ve sus visitas, de dónde llegan y cuántos contactos genera la página: clics al teléfono, conversaciones de WhatsApp y mensajes del formulario, como los de la imagen. Dent, una clínica dental de Torreón, llevaba en su segundo mes más de 500 visitas y más de 40 contactos generados desde su sitio, todo medido ahí mismo. Con números enfrente, la página deja de ser un acto de fe.
Preguntas frecuentes
¿Cómo reviso mi página si no sé de tecnología?
Con tu celular, usando datos y no el wifi del negocio. Ábrela como visitante, cuenta los segundos que tarda, léela sin hacer zoom, toca el número de teléfono para ver si marca, envía un mensaje de prueba por el formulario y busca el candado en la barra de direcciones. Ese recorrido detecta la mayoría de los errores de esta guía.
¿Cuál error conviene corregir primero?
El que esté más cerca del dinero. Si el teléfono no marca o el formulario no llega, estás perdiendo gente que ya te quería hablar; eso va primero. Después la versión móvil y la velocidad, que deciden cuánta gente llega viva al contacto, y al final el certificado, que suele ser el arreglo más rápido de todos.
¿Se corrige mi página actual o necesito una nueva?
Depende de cómo esté construida. Errores puntuales como el certificado o los datos vencidos se corrigen sobre lo que ya existe. Cuando la página entera se diseñó para escritorio, o el sitio no permite editar nada sin llamar a quien lo hizo, rehacerla suele salir mejor que parcharla pieza por pieza.
¿Cuánto cuesta corregir estos errores?
No hay una cifra única, porque depende de cuántos errores tenga el sitio y de cómo esté hecho. Lo que sí está publicado es lo que incluye cada uno de nuestros planes, con su precio, en la página de precios; con eso puedes comparar un arreglo contra empezar de nuevo con una base bien hecha.
¿Cada cuánto debo revisar mi página?
Cada vez que cambie algo del negocio: horarios, precios, servicios o promociones. Además conviene un repaso completo, como el de la primera pregunta, un par de veces al año, porque hay errores que aparecen con el tiempo aunque nadie toque la página.
